Las Bodas de Fígaro se celebraron en Cartagena

Con dos funciones llevadas a cabo el viernes 13 y el domingo 15 de enero se realizó la décimo primera edición del Festival Internacional de Música, el cual tuvo lugar en el Teatro Adolfo Mejía de la ciudad colombiana de Cartagena. Esta celebración de la música clásica es un evento de alto nivel, tanto por la calidad de su producción como por el alto nivel de los participantes invitados, comentó la Fundación Torres-Picón al compartir la correspondiente información.

En esta oportunidad el festival constó de dos partes: la primera, el viernes 13, dedicada a la mejor música francesa de fines del siglo XIX e inicios del XX, como parte de la celebración del Año de Francia y Colombia; para este encuentro se seleccionó a la orquesta Les Siécles, dirigida por François-Xavier Roth.

Opera Cartagena presents a story involving a count, a neglected wife, wily servants, and a constantly infatuated, young page.

Opera Cartagena presents a story involving a count, a neglected wife, wily servants, and a constantly infatuated, young page.

La segunda parte, dedicada a Italia, consistió en la presentación, por primera vez en la historia del festival, de la aclamada ópera cómica Las Bodas de Fígaro, de Mozart, dirigida por el insigne director escénico italiano Giorgio Ferrara. Esta obra había sido presentada el año pasado en el Festival de Spoleto, Italia, con la participación de músicos italianos y colombianos.

Las Bodas de Fígaro, originalmente estrenada en 1786, es la primera pieza de la famosa Trilogía Italiana de Mozart, junto a Don Giovanni y Cosi Fan Tutte, las cuales se proyecta presentar también en futuras ediciones del festival.

“La trilogía de Mozart es quizá la trilogía de ópera más bella y más revolucionaria que se haya escrito nunca. En el caso de Las Bodas de Fígaro es, de todas las óperas de Mozart y de todas las óperas en general, la que más ha sido representada en todo el mundo”, expresó el director Ferrara.

Pedro J. Torres, creador y directivo de la Fundación Torres-Picón, ONG internacional que da impulso a la divulgación de las artes y la cultura, así como a la prevención en salud, dentro de las audiencias o poblaciones infantiles y juveniles, consideró muy importantes y acertados los esfuerzos que se vienen realizando desde Colombia en favor de la música y la danza clásicas. “De hecho, ese país, se ha convertido en un frecuente referente latinoamericano en la refinada materia”.

GF/FTP

Festival Internacional de Ballet en Cali

La ciudad de Cali sirvió de marco por décimo año consecutivo para la realización del Festival Internacional de Ballet, el cual reunió a ciento veinticuatro bailarines, siete compañías nacionales y diez compañías internacionales, ocho de países latinoamericanos, Argentina, México, Perú, República Dominicana, Cuba, Chile Uruguay y Colombia, y la participación de las representaciones de República Checa e Italia como invitadas especiales, en un encuentro que contó con la asistencia de más de cincuenta mil espectadores. Reseñó elpais.com.co

Pedro J. Torres, en nombre de la Fundación Torres-Picón, destacó la vigencia y pertinencia de este Festival; hizo referencia y citó generosas reseñas de prensa.

“Año tras año este Festival es el resultado de la unión y la fuerza de los artistas de todas las latitudes que vienen a acompañarnos para dejar lo mejor en el escenario; son maestros, coreógrafos y bailarines que han creído en nuestro país y en el Festival. Con su presencia han fortalecido la danza en Cali, las iniciativas artísticas y han demostrado que el baile refinado no tiene nacionalidad, ni fronteras, es uno y es unión”, expresó la docente Gloria Castro, quien es fundadora del Festival y actualmente se desempeña como asesora ad-honorem.

La realización del Festival Internacional de Ballet es una iniciativa de la Alcaldía de Cali, a través de la Secretaría de Cultura y Turismo, con la colaboración de la Fundación Danza Conmigo, Incolballet, la Gobernación del Valle y la Fundación Restrepo Barco, además del apoyo de varias empresas, sin olvidar la entusiasta y principal participación del público caleño, que cada año plena los espacios para disfrutar de esta cita con el arte de la danza.

“Durante cinco  días contamos con más de treinta y cinco actividades, entre galas internacionales y nacionales en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura; actividades académicas con clases magistrales y charlas de expertos; funciones dirigidas a los niños; presentaciones en escenarios abiertos al público como las Plazoletas de Coomeva, Comfenalco, Teatro Al Aire Libre Los Cristales y la Universidad Javeriana”, explicó Castro.

Paralelamente a las presentaciones de las compañías, se ofreció a los asistentes una serie de charlas académicas, realizadas por expertos, acerca de la historia de la danza clásica, así como sobre la dinámica que se mueve en torno al ballet en el mundo, además de algunas de las más importantes obras del ballet no clásico y contemporáneo.

“Hemos construido entre todos esta primera década colmada de estética, belleza y alegría, de grandes momentos que enriquecen nuestra ciudad, y promueven un panorama cultural muy provechoso para su gente”, expresó la educadora.

La noche del viernes 7 se realizó la clausura de la edición 2016 del Festival Internacional de Ballet, en la Plaza de Toros de Cañaveralejo, en una emotiva gala con la participación de todas las compañías unidas en expresión de paz y fraternidad.

En la Fundación Torres-Picón nos sumamos al reconocimiento que desde otras naciones americanas y desde Europa, se ha dado a esta ya consolidada iniciativa, enfatizó Pedro J. Torres, presidente de la ONG.

GF/FTP

De Rusia con amor

Según narra la historia, Italia fue la cuna del ballet: de allí pasó a Francia, donde comenzó a crecer como arte, pero fue en Rusia donde alcanzó su máximo desarrollo y esplendor al amparo de los Zares, los perfectos mecenas cuya fortuna y gusto por lo sofisticado los hizo pródigos al auspiciar el mejor ballet, los bailarines más hábiles y los teatros más fastuosos. Así lo comenta y comparte Pedro J. Torres, en su rol de creador y directivo de la Fundación Torres-Picón.

El ballet se convirtió en una parte muy importante de lo mejor de la cultura rusa; luego, con el advenimiento de la Unión Soviética salió de los grandes salones de la realeza y se masificó, sin perder un ápice de su calidad.

Poco antes de concluir 2016, el magnífico ballet ruso se presentó en el Teatro Coliseo de Buenos Aires con estrellas emblemáticas de los teatros más importantes de Moscú y San Petersburgo, los bailarines solistas del Bolshoi, del Stanislavsky, del Mariinsky y del Mikhailovsky, dirigidos por el coreógrafo Vitaly Vidineeve.

Entre estas destacaron los nombres de Elena Pankova, ex primera bailarina del antiguo Kirov y una de las grandes estrellas de la escuela de Vaganova; Alexander Volchkov, bailarín principal del Bolshoi, y Elena Andrienko, ex solista del Bolshoi.

El repertorio de esta cita de lujo incluyó fragmentos de grandes obras, como El Corsario, Raimonda, Grand, con música de Alexander Glazunov, uno de los compositores más afamados; El Lago de los Cisnes, Adagio blanco, de Piotr Ilich Tchaikovsky; El Gopak, con música de V.Soloviov-Sedoy; El Cascanueces, La Muerte del Cisne y Don Quijote.

Un evento de significación especial para los amantes de la danza en Latinoamérica, puntualizó la ONG Fundación Torres-Picón.

GF/FTP

Sergej Pavlovich Diaghilev

Muchas informaciones, al tratar el tema dancístico, y más específicamente el ballet, citan y destacan a Rusia. Por lo general acuden a la mente y reseñan a los grandes autores y sus obras, como La Bella Durmiente, El Lago de los Cisnes y El Cascanueces, de Tchaikovski; Giselle, de Adam, o Las Sílfides, con música de Chopin, así como los nombres de bailarines famosos, incluso legendarios, como Vaslav Nijinski, Ana Pavlova, María Taglioni o Rudolph Nureyev; igualmente se rememoran coreógrafos célebres, como Michel Fokin y Marius Petipa. Pero muy pocas veces se mencionan otros personajes que, aunque no fueron músicos o intérpretes, sí jugaron un significativo papel sin el cual el arte de la danza no hubiese alcanzado el nivel de excelencia que posee en la actualidad; expresó Pedro J. Torres, presidente y portavoz de la Fundación Torres-Picón.

Pedro J. Torres blog about Foto de Sergej Pavlovich Diaghilev

Sergei Pavlovich Diaghilev, usually referred to outside Russia as Serge, was a Russian art critic, patron, ballet impresario and founder of the Ballets Russes, from which many famous dancers and choreographers would arise.

Tal es el caso de Sergej Pavlovich Diaghilev, genial promotor artístico y empresario ruso, nacido en Sélischi (Nóvgorod) el 31 de marzo de 1872. Diaghilev no fue nunca bailarín, ni coreógrafo, ni músico, sin embargo poseía una intuición artística excepcional y unas especiales cualidades de hombre de mundo, las cuales le abrieron las puertas de lo más refinado de la sociedad parisina y de los círculos intelectuales más elevados de su tiempo, lo que le permitió marcar su impronta en el desarrollo del ballet.

Los inicios del ballet se remontan al siglo XV, en Italia, donde el ballo o balleto comienza a desarrollarse como arte, diferenciándose de los bailes folclóricos; poco después el gusto por esta forma de arte se extendió a Francia, donde comenzó a denominarse ballet y con el auspicio de Luis XIV, el Rey Sol, alcanzó una gran fastuosidad, evolucionando y diversificándose. Ya en el siglo XVIII era Francia, concretamente París, el principal núcleo de expansión del ballet; paralelo a este desarrollo, a comienzos del siglo XIX se produce un renacer del arte en Italia, con un apogeo extraordinario a mediados del siglo, una edad dorada durante la cual el ballet se extendió hasta Rusia. En este país, el ballet experimentó una transformación considerable, principalmente gracias al trabajo del bailarín y coreógrafo francés Marius Petipa, quien realizó una magistral fusión de técnicas y tradiciones de baile italianas y francesas, así como la incorporación del variado acervo dancístico tradicional ruso, iniciando un estilo original y creando coreografías hasta hoy no superadas. Sin embargo, toda esta riqueza permanecía ignorada por el resto del mundo, hasta el 17 de mayo de 1909, fecha crucial en la que realizó su debut en el Teatro Châtelet de París la compañía de Ballets Russes de Sergej Diaghilev.

A partir de entonces el ballet cobra una nueva dimensión como espectáculo y como arte, ya que Diaghilev integra y equilibra sus tres elementos esenciales, la música, la coreografía y el decorado escénico, convirtiendo al ballet en un “espectáculo total”; esto lo logra sumando a cada puesta en escena la personalidad y el talento de los más grandes artistas de la época, músicos, bailarines y pintores. Es así como surgen presentaciones magistrales de piezas clásicas como El Lago de los Cisnes y La Bella Durmiente, así como obras de nueva concepción como El Pájaro de Fuego y la espectacular Consagración de la Primavera de Stravinsky; Dafnis y Cloe con música de Ravel; El Sombrero de Tres Picos de Manuel de Falla, con decorados creados por Picasso, entre otros artistas gráficos o del diseño, de primerísimo nivel.

Del mismo modo, Diaghilev dio a conocer el talento de grandes bailarines, como Vaslav Nijinsky, considerado como el mejor bailarín de todos los tiempos, así como la exquisita Ana Pavlova; igualmente formaron parte de los Ballets Russes grandes maestros y nuevos valores de la coreografía, entre los cuales se destacó Michel Fokin.

Diaghilev murió en Venecia el 19 de agosto de 1929, dejando como legado a la posteridad el ballet moderno ruso.

La Fundación Torres-Picón agrega, en boca de su directivo y creador, Pedro J. Torres, que no debe ponerse de lado ni olvidarse que, “más allá de lo artístico y cultural el ballet trae consigo, aporta, diferentes beneficios a la salud: físicos, mentales y hasta espirituales. Es en efecto, además de un espectáculo total, una disciplina integral”.

GF/FTP

 

Concierto de Año nuevo brinda la Orquesta Santa Cecilia en Alcobendas, España

 

Pedro J Torres Concert Spain

 

Este 29 de diciembre, la Orquesta Clásica Santa Cecilia despide el año que termina y le da la bienvenida al 2018 con su tradicional Gran Concierto de Año Nuevo, dirigido por el destacado maestro Kynan Johns, el cual será celebrado en el Teatro Ciudad de Alcobendas, en el municipio de Alcobendas de la Comunidad de Madrid, España. La Fundación Torres-Picón saluda la iniciativa y comparte la información.

El programa del concierto estará compuesto por el tradicional repertorio vienés de valses y polcas, y será prácticamente el mismo que la orquesta y su director ofrecerán tres días más tarde en el Teatro Real de Madrid; la única diferencia será, según indica el Consistorio, que las entradas en Alcobendas serán a precios “más populares”, para un público más modesto.

Este será un concierto “muy especial”, según afirma su director Kynan Johns, porque se trata de “uno de los más esperados y significativos del año”. Johns tiene en su trayectoria el haber dirigido algunas de las orquestas más importantes del mundo y haber sido asistente de grandes luminarias de la música, como Zubin Mehta y Lorin Maazel.

Algunas de las piezas incluidas en el programa son las tradicionales obras compuestas por los miembros de la familia Strauss, además de varios valses y polcas célebres.

El recital iniciará con la opereta El murciélago, de Johann Strauss hijo, obra maestra del género; a continuación la orquesta ofrecerá Tritsch Tratsch Polka, una pieza que hace alusión al gusto de los vieneses por la conversación; seguidamente vendrá la polca rápida Tik-Tak-Polka, luego la pieza El Vals del Emperador, para terminar con Nachtigall-Polka, también conocida como la Polca del Ruiseñor.

La segunda parte comenzará con Voces de Primavera, un vals que fue escrito para un concierto benéfico; seguidamente la polca Bajo truenos y relámpagos; luego el mundialmente famoso vals El Danubio Azul, una de las piezas que consagró a Johann Strauss hijo como el Rey del Vals, y la ya tradicional y muy alegre Marcha Radetzky.

Otras piezas de gran renombre que también podrán disfrutarse en este concierto serán el Vals de los patinadores, del francés Waldteufel; Champagne Galop, de Lumbye, obra cumbre de la música clásica danesa, y el vals Tormenta de nieve, de Sviridov.

Cierre y apertura de año en compañía de la música es una gran oportunidad para sembrar cultura y disfrutar las bellas artes en una temporada especial, señaló Pedro J. Torres, de la Fundación Torres-Picón.

GF/FTP