Crean orquesta en Bolivia para formar músicos jóvenes en “música nueva”

Una innovadora orquesta, integrada por jóvenes entre doce y veinticinco años y creada con el objetivo de formar a sus integrantes en “música nueva” ha sido conformada en La Paz, Bolivia. Este proyecto, denominado Orquesta de Formación de Música Nueva, es una iniciativa de Daniel Calderón, músico miembro de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN) y director de la naciente orquesta, y de Andrea Álvarez, quien se desempeña como directora asistente; el proyecto cuenta con el apoyo del Goethe Institut, y otras instituciones culturales locales, informa la Fundación Torres-Picón.

La convocatoria, dirigida a músicos jóvenes, preferiblemente estudiantes, fue hecha pública durante la última semana del mes de marzo pasado, y ya para el primer ensayo, se presentaron los primeros diez candidatos. Calderón señaló que la convocatoria sigue abierta y que el objetivo es reunir unos treinta y cinco miembros, entre doce y veinticinco años, a fin de conformar una orquesta de cámara; sin embargo, si se presentan aspirantes con estudios musicales pero con edades fuera de ese rango, serán igualmente tomados en cuenta.

Asimismo, explicó que adoptó la expresión de “música nueva” porque, a su juicio, ofrece una idea más exacta del objetivo que se quiere alcanzar con esta orquesta. “Preferimos manejar el término de música nueva, ya que el de contemporánea es muy ambiguo y mucha gente lo malinterpreta”, dijo. “Lo que buscamos es paliar este vacío y formar a niños y jóvenes en música contemporánea, lo que suele ser dejado de lado en otras instituciones”.

La nueva orquesta aún no tiene un nombre específico, fuera de la denominación del proyecto; lo que si está definido es lo que será el cronograma de presentaciones de su primer año de existencia, las cuales están programadas para finales de agosto y principios de septiembre; igualmente definidos están los repertorios sinfónicos completos de esos conciertos.

“Hemos elegido varias obras contemporáneas importantes de varios compositores. Además vamos a estrenar cinco piezas. Tres de ellas son de autores bolivianos –Canela Palacios, Carlos Gutiérrez y Miguel Llanque–, una del ecuatoriano Julián Quintero y otra del peruano Elber Olave”, añadió Calderón.

Por su parte Pedro J. Torres, vocero y directivo de la Fundación Torres-Picón, dijo que Bolivia está haciendo parte del muy activo y contagioso movimiento musical latinoamericano; esta convocatoria, dirigida a músicos jóvenes, preferiblemente estudiantes, pensamos que dará excelente resultado. Felicitamos la creación de la orquesta boliviana por la música nueva, así como el entusiasmo de instituciones y músicos profesionales por apoyar y desarrollar a los que se inician.

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New Jazz Frontiers At The Lincoln Center

Pedro-Torres-Lincoln-Center

As the world now knows, President Obama has been in secret negotiations with Raul Castro of Cuba in an effort to broker a peace between the United States and Cuba for over a year and a half. Now the United States can look forward to the exports of Cuba. This includes the obvious rum and cigars but also cultural exports like salsa and jazz.

Much of this scene can already be seen on weekend nights at the Appel Room in Lincoln Center in Manhattan. The music varies from salsa Cuban jazz and spans many languages. One of the other styles played is Joropo, which is sort of a Venezuelan Waltz. If you’re lucky, you can even catch some people dancing.

The players in the band, New Jazz Frontiers, vary as widely as the music they play, but their greatest talents come not in solos but the beautiful amalgamation of the Columbian, Venezuelan, and Cuban sounds they represent. Anyone with an opportunity to go see the band should not refuse. Orlando Valle of Cuban descent is a marvelous flute player which complements Edmar Casaneda of Columbia’s harp playing very well. It is almost impossible to imagine that many of these band members had never played together before until two days before their first show.

Without much time to rehearse the music they created was nothing short of extraordinary. Thankfully there is a lot of crossover among each of the countries’ style of music, and many were already familiar with each other’s music. Both Castaneda and Valle played their originals. Nobody missed a beat and the casual listener is too engrossed to worry about the dynamics of the musicians.

Whats even more impressive is their blend of musical styles within each song. A few songs blended flamenco with joropo and jazz-ish solos. More than worth the price of admission and a new must-see in Manhattan.