Romeyno Gutiérrez Luna, pianista indígena, ofrece concierto con música clásica y tradicional tribal

Pedro J Torres Pianist Luna

Cuando se habla de músicos virtuosos del piano, siempre vienen a la mente nombres como Frédéric Chopin, Maurice Ravel, Franz Liszt o Arthur Rubinstein; sin embargo, en justicia, a esta lista deberíamos agregar nombres de artistas de nuestras latitudes, más cercanos a nuestra cultura, a nuestras raíces, artistas indígenas tan virtuosos como los grandes e inolvidables músicos europeos; comenta la Fundación Torres-Picón al dar difusión a esta nota.

Tal es el caso del pianista Romeyno Gutiérrez Luna, originario de Batopilas, municipio situado en la sierra Tarahumara en el estado de Chihuahua, al norte de México. Con treinta años de edad, Romeyno Gutiérrez ha sido embajador artístico de su etnia rarámuri y ha llevado la música tarahumara a Estados Unidos y a ocho países de Europa.

En agosto, en el marco del Tercer Encuentro Indigenista, organizado por la Comisión Nacional de Desarrollo para los Pueblos Indígenas y celebrado desde el viernes 11 y hasta el domingo 13 de agosto, Romeyno Gutiérrez ofreció un concierto en el lobby del Fashion Mall de Chihuahua, en el cual combinó en forma armoniosa los sonidos tradicionales de la etnia rarámuri con el de piezas clásicas mundialmente conocidas de Wolfgang Amadeus Mozart y Frédéric Chopin, además de una interpretación del concierto de Alhambra.

Para los indígenas, la música no es sólo un arte o un medio para entretener a las personas, para ellos, al igual que en otras culturas, la música es una forma de adoración a sus dioses, una parte importante de sus rituales religiosos, con objetivo y significado; a través de la música, los indígenas del grupo étnico mexicano Tarahumara rinden tributo a la deidad Onoruame, cuyo nombre significa “madre y padre”.

Es por esta razón que Romeyno inicia cada concierto con un repertorio de danzas rarámuri; ataviado con su traje tradicional, en esta oportunidad obsequió a la audiencia con una interpretación de la danza del toro y la danza del conejo, entre otras.

Cada pieza fue acogida con un clamoroso aplauso, demostrando el aprecio del público por este joven artista que, como embajador cultural de su pueblo, ha cruzado fronteras y llevado su arte a escenarios en todo el mundo.

Hemos expresado que, la cultura y las artes vienen robusteciéndose a lo largo y ancho del continente americano, y en particular América Latina viene consolidándose como un espacio fértil para tal propósito, señala Pedro J. Torres, en nombre de la Fundación Torres-Picón, al compartir los detalles de esta información. “No podemos ocultar nuestro entusiasmo, orgullo y beneplácito latinoamericano” subrayó.

GF/FTP